El Metro

Es verano y Londres se despierta a un día caluroso y despejado. El día avanza y con él, el calor, y los autos derritiéndose sobre una lava de cemento. El termómetro marca setenta y siete grados Fahrenheit; pero sus gentes aún llevan demasiada ropa interior bajo los trajes de chaqueta. El metro, bajo su apariencia de civismo, no es más que un vagón con decenas de cuerpos sudorosos y malolientes. Tráfico. Mucho tráfico. Y un infierno gris rugiendo bajo un irónico cielo que parece que se jacta de la debilidad del hombre. En el parque, un perro se ha tumbado bajo un árbol.  Son las doce en el metro. Miríadas de humanos desprenden residuos corporales sobre veinte centímetros cuadrados. Ajena a todo un mundo de putrefacción que se ha acumulado durante años bajo tierra, y a la que continuamente se suman el polvo, los piojos, las ratas, y todo tipo de residuos en general en constante ajetreo; una señora gorda se ha caído al suelo en la cafetería del Museo de Historia Natural. En una silla del mismo café, hay un niño pequeño de unos seis años que mientras comía helado ha visto cómo se caía la señora, y todavía aún la observa mientras está en el suelo. Nadie ayuda a la señora gorda a levantarse, tal vez porque no es ni demasiado vieja ni demasiado joven; simplemente es que la señora gorda está demasiado gorda.  No tiene nada roto. Bajo la sombra del árbol, el perro ha saciado su sed, y satisfecho duerme plácidamente la siesta. El niño no sabe nada del calor, del tráfico, del metro, o del perro tirado en la hierba.  Solo sabe de la señora gorda que no puede levantarse. No sabe qué hacer, así que sonriendo le ofrece  un poco de helado a la señora. La señora gorda piensa en dulces y empieza a sentir asco de sí misma; entonces siente náuseas, justo después, vomita. El niño mira el vómito, su color, los diferentes trozos de comida, lo huele y rápidamente nota como las arcadas le suben por la tráquea, y antes de que pueda darse cuenta vomita sobre la señora. Asqueados los dos, no pueden dejar de vomitarse el uno sobre el otro, hasta que ambos están cubiertos en vómito.

Son las doce de la mañana en el metro. Allá nadie supo nada de esto. Mientras tanto los autos continuaron licuándose sobre un río de grava. El perro todavía duerme tranquilamente. El apogeo de un día caluroso y despejado sobre las calles de Londres…

 

Fecha de publicación: 2014

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales,puedes encontrarla aquí:

El Metro cover Elemi Fuentes

Advertisements

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s