Ourzazate - marruecos - un viaje a las profundidades del alma

Marruecos: un viaje a las profundidades del alma (7/14)


La gente del desierto

Llegamos a Ouarzazate, la puerta del desierto, pasadas las cinco de la tarde. El  astro sol brillaba majestuoso sobre la ciudad, reflejando todos los ocres y amarillos,  resaltando estos colores como si fueran los únicos en el espectro visible de un prisma.

Como cualquier viajero, llegamos cansadas y con ganas de orinar. Cumplimos con estas banalidades en unas letrinas a la antigua usanza: con agujero en el suelo a un pozo ciego sin papel higiénico. Caminamos por la ciudad sin rumbo específico en busca de un hospedaje donde pasar la noche. Después de varios intentos fallidos, dimos con un lugar muy acogedor y familiar donde regateamos durante unos minutos hasta que nos dieron una habitación con dos camas y ducha por el módico precio de cincuenta dírham por persona. De alguna manera, Elena y yo establecimos que aquel era el canon máximo que estábamos dispuestas a pagar por hospedaje en cualquier lugar de Marruecos.

Ourzazate - marruecos - un viaje a las profundidades del alma

 

Dejamos las mochilas en el hostal y salimos prestas a descubrir las maravillas de aquel pequeño Oasis en el desierto. Al poco nos encontramos en un mercadillo local donde se podían comprar todo tipo de vestimentas y algunos productos alimenticios, entre ellos, caracoles. Elena hizo que rechazara mi angustia por los caracoles y me convenció para que probara uno; cosa que hasta aquel momento jamás había hecho. Afortunadamente no me forzó a más y la experiencia, viscosa y poco placentera, me llevó a pensar en la supervivencia extrema, y hasta qué punto termina uno por rechazar todo lo que conoce como ético cuando la vida de uno se balancea en el limbo entre la luz y la muerte.

Nos probamos babuchas de diversos colores en uno de los muchos puestos que se aglomeraban en el mercadillo. Al final no compramos ningunas. En el segundo puesto nos encontramos con tres muchachos jóvenes. Nos ofrecieron té y entramos en la trastienda con ellos a tomarlo. Uno de los muchachos hablaba italiano fluido, y él y Elena pronto se sumieron en conversación. Yo hablaba casualmente en inglés con otro de los chavales, y de vez en cuando un tercero que entraba y salía con utensilios se nos unía a la conversación. Entre jarapas y almohadones sorbimos el té, aquel delicioso, suave, caliente y aromático té de Marruecos. Fumamos unos cigarrillos de intenso sabor el cual nunca había probado por el sur de España. Ellos insistían en que no querían vendernos las babuchas, sino quedar más tarde y vendernos hachís. Algo debimos ver en aquellos muchachos que enalteció nuestro instinto y finalmente nos despedimos con falsas  promesas (y sin babuchas). No volvimos a quedar con ellos, aunque si nos encontramos un par de veces en la calle al que hablaba italiano.

ourzazate mercado - un viaje a las profundidades del alma

Seguimos andando y al poco nos quedamos paradas frente a una tienda, admirando la joyería de plata hecha a mano. Mientras nos preguntábamos si entrar y hacer trueque con los preservativos, bolígrafos y paracetamol, salió del establecimiento un muchacho alto y delgado que nos saludó amablemente y nos preguntó si éramos españolas.

 

 

 

Fecha de publicación: 2014

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales,puedes encontrarla aquí:

Marruecos un viaje a las profundidades del alma _C. Uribe - Elemi Fuentes

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