aeroport-marrakech-maroc1- marruecos, un viaje a las profundidades del alma- c.uribe - alfonso salesaeroport-marrakech-maroc1- marruecos, un viaje a las profundidades del alma- c.uribe - alfonso sales

Marruecos: un viaje a las profundidades del alma (13/14)

Dia 8: El final del camino

Nos levantamos temprano la mañana que partíamos de vuelta a España. Aún estábamos en Ouarzazate y el viaje prometía ser largo y tedioso. Desayunamos tranquilamente con los chicos y fumamos cigarrillos acicalados antes de partir. Nos llevó de vuelta a Marrakech un amigo común de éstos que no conocíamos y no hablaba nuestro idioma. Tranquilamente nos fuimos en el coche con él.

Durante el camino saqué mi diario de viaje, garabateé algunas palabras aquí y allá, tratando de concentrar las experiencias y emociones de aquellos días, así como tratar de describir la belleza de aquel hermoso paisaje que se desplegaba ante mis ojos. Al poco tiempo dejé el diario a un lado y me di por vencida. No conseguía hilar frases juntas debido al atropello emocional de sensaciones y recuerdos; y las palabras simplemente se negaban a fluir de la tinta de mi bolígrafo al papel arrugado y hecho a mano que era aquel precioso diario. Al cabo lo dejé a un lado.

El paisaje sobre el alto Atlas era magnífico e imponente, casi más bello incluso de lo que recordaba en mi primera experiencia. Me concentré en él, y en el recuerdo de aquellas tierras áridas y cálidas de gente maravillosa, y en silencio me pregunté cuando volvería el destino a llevarme aquellos lugares de ensueño.

Elena andaba sumida también en sus pensamientos. Cuáles eran nunca lo supe. Nunca le pregunté. Hay veces que es mejor respetar el silencio. Y en aquel sosiego viajábamos unidas por un lazo de amistad y experiencias que jamás el paso del tiempo lograría quebrar.

Tomamos un café en Marrakech y nos despedimos de Machine antes de coger un taxi al aeropuerto. Allí nos quedamos tiradas unas horas a la espera de que el reloj marcara la hora de nuestra partida. La espera, a pesar de los minutos, no se hizo demasiado larga puesto que había varias bandas de música tribal africano-marroquí y argelina tocando en la puerta, imagino, esperando a dirigirse al festival de música de Gnawa, en Essaouira.

Cafe en Marrakeck, marruecos, un viaje a las profundidades del alma - curibe
Cafe en Marrakech

Mientras ellos tocaban a un ritmo de bombos, trompetas y son, nosotras nos echamos unos bailes bajo la mirada dulce de los músicos.

Tontas de nosotras, y con la broma y juego que llevábamos encima, decidimos tratar de pasar por los controles de seguridad llevando los rostros cubiertos con los turbantes que habíamos comprado en Marrakech; en un tiempo pasado que parecía remoto y distante, y no tan solo ocho días atrás.

Nos pararon y nos registraron. Pero por supuesto no teníamos drogas ni nada ilegal que llevar de vuelta a España. A Elena la llevaron a una habitación cerrada y le hicieron preguntas. Cuando finalmente la mujer de seguridad se puso unos guantes de látex blanco y se lubricó los dedos con vaselina para inspeccionar las cavidades de Elena, ésta palideció rápidamente, y al parecer en su cara notaron que en realidad no llevábamos nada, y no éramos más que turistas españolas un tanto más alocadas de lo normal, pero buenas gentes. Al final, para su alivio, la dejaron marchar sin inspeccionarla.

Durante el vuelo charlamos con Héctor, un chico valenciano muy simpático, artista y pintor, cuyo trabajo consistía en ir de ciudad en ciudad, de hotel en hotel, pintado sus gracias por donde pasaba. Nos comentó que estuvo en Marrakech pintado medinas y alcazabas en un conocido hotel de la ciudad a la vez que nos mostraba su carpeta con algunos de sus bocetos artísticos.

Ya en Valencia, tuvo la amabilidad de llevarnos hasta la misma estación de autobuses junto con su compañero que le recogía en coche. Allí nos sobraban las horas, y hambrientas entramos a un bar a tomar unas tapas. La camarera se olvidó de los cubiertos, y nosotras sólo nos dimos cuenta de cuan acostumbradas estábamos a comer con las manos sólo al acabar nuestros platos. Nos reímos y nos despedimos de Héctor y su extraño amigo.

El viaje a Murcia se hizo pesado. Mal dormimos unas horas, y finalmente llegamos sobre las seis de la mañana a la estación de autobuses de la capital.  Aquel día era veinticuatro de Diciembre, o Nochebuena, y los autobuses que nos llevarían a nuestros respectivos pueblos eran bastante limitados. Me despedí de Elena a las nueve de la mañana y salí dirección a Mazarrón. Ella tuvo que esperar hasta las once de la mañana para emprender su viaje final a Águilas.

Llegué a casa a escasos diez minutos de empezar mi jornada laboral. Estaba agotada. No había dormido en condiciones en muchos días, y aquel día tenía que trabajar hasta las doce de la noche con un descanso de un par de horas entre medio. Encendí el ordenador e inicié sesión en las salas de bingo donde trabaja. En aquel momento me replanteé mi futuro: ¿Acaso quería pasar el resto de mis días atrapada en un trabajo sin salida en el cual todo lo que hacía era hablar con gente con problemas de adicción al juego?

 

Fecha de publicación: 2014

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales,puedes encontrarla aquí:

Marruecos un viaje a las profundidades del alma _C. Uribe - Elemi Fuentes

Advertisements

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s