La gorra de colores

Esta historia sucedió en un pequeño pueblo de montaña de Andorra. Allí había una escuela a la que iban todos los niños de las pedanías y barrios cercanos. Un día, Sara no fue a la escuela. Al día siguiente, tampoco fue. Su madre telefoneó al colegio y explicó a los profesores que su hija estaba muy enferma, y que se la habían llevado a un hospital de Barcelona para iniciar un tratamiento nuevo, bastante peligroso y abrasivo, pero que hasta ahora había dado buenos resultados.

La profesora les explicó a sus alumnos la situación de su compañera Sara. Les dijo que ella tenía cáncer de médula; que no era contagioso, y que no sabía cuánto tiempo iba a estar su amiga sin asistir a clase. Todos los amigos y compañeros de clase de Sara estaban muy preocupados. Les hubiera gustado ir a verla, pero el hospital quedaba demasiado lejos. Así que finalmente un día decidieron escribirle. Todos aportaron algo. Pedro le hizo un dibujo muy divertido de colores llamativos. Teresa le escribió varias adivinanzas. Soraya, que tenía muy buena letra, le escribió la última canción de moda que sonaba en la radio. Sergio y Roberto, que eran gemelos, hicieron un sobre muy grande de color rojo y purpurina, en el que todos pusieron sus trabajos para enviárselos a su amiga.

A los pocos días, la madre de Sara llamó de nuevo al colegio y le dio las gracias a la profesora y alumnos por el sobre tan maravilloso que habían mandado a su hija. Sara se había puesto muy contenta al recibirlo. La madre les dijo también que su hija aún estaría muchos días en el hospital.

Fue pasando el tiempo, y poco a poco las semanas. Los compañeros de Sara le escribían todos los meses. Le mandaban un sobre grande con poemas, chistes, dibujos, fotos…

Una mañana la madre de Sara fue a la escuela a hablar con la maestra y los amigos de Sara. Les dijo que ella ya se encontraba mejor y que ya estaba en casa.

-¡Viva! – gritaron todos los chicos y chicas

-Hoy iremos a verla –dijeron los gemelos.

-¿Cuándo volverá a la escuela? – preguntó Soraya.

La madre les explicó que Sara aún tardaría varios días en volver a la escuela, y les pidió a sus compañeros que por el momento no fueran a verla. Los chicos se quedaron muy extrañados al oír esto. Pero cuando se fue la madre, la maestra les explicó que el tratamiento que Sara había recibido era muy fuerte y se le había caído todo el pelo; y a Sara le daba vergüenza que la vieran así.

Los chicos y chicas pensaron qué podían hacer y decidieron de nuevo escribirle una carta a Sara diciéndole que estaban muy contentos de que se encontrara mejor y que ya estuviera en casa. También le decían que la querían mucho y que querían que volviera pronto a la escuela. Los niños fueron por la tarde a casa de Sara y dejaron la carta en el buzón. Sara de nuevo se alegró mucho al recibir la carta de sus amigos, y le dijo a su mamá que en dos días volvería al colegio.

Los chicos se pusieron muy contentos al oír esta fantástica noticia y quisieron hacer algo especial para celebrar el regreso a la escuela de su amiga. En la pizarra, con letras bien grandes, habían escrito ‘bienvenida’. Y a su alrededor habían hecho dibujos de colores: mariposas, insectos, flores, globos, e incluso un pequeño ratón.

Sara se veía muy pálida y llevaba una gorra de lana de colores. Hubo muchos abrazos y después llegaron las sorpresas. Pedro le había traído una peonza que le gustaba mucho; los gemelos, Sergio y Roberto, le regalaron una caja de zapatos llena de gusanos de seda; y Soraya trajo hojas de morera de su casa. Lucía le trajo una tarta de chocolate que había hecho su madre. Y los demás compañeros trajeron chicles y golosinas, cuentos, gomas de borrar, y hasta un pequeño pez de colores.

De pronto, se dieron cuenta de que Teresa, la mejor amiga de Sara, no estaba en clase. Ella llegó a los pocos minutos, y llevaba puesta una gorra azul. La profesora le preguntó si le había pasado algo, y por qué llegaba tarde. Entonces Teresa le explicó que llegaba tarde porque se había quedado pensando en qué hacer por su amiga Sara para demostrarle que estaba a su lado y la quería mucho. De pronto se quitó la gorra. Al verla, todos se echaron a reír a carcajadas y algunos aplaudieron. ¡Qué desastre! –dijeron. Teresa se había cortado el pelo muy cortito, ella sola. Y se había dejado mechones aquí y allá de diferentes tamaños. Se había dejado una cabeza horrible.

Al día siguiente, cuando Sara llego a clase, irrumpió a llorar a lágrima viva. Todos sus amigos y amigas se habían rapado la cabeza o cortado el pelo muy corto como su amiga Teresa.

Fecha de publicación: 2015

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales, puedes encontrarla aquí:



Categories: Historias Cortas, Personal Section, Short Stories

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