Cuestión de sangre

Muchos años atrás, yo trabajaba en el hospital de la Fe de Valencia como doctor adjunto, terminando mi tesis y mis dos último años de prácticas. Después, sería un doctor licenciado y podría trabajar en cualquier lugar del mundo. Aunque la verdad, lo que yo quería era irme de voluntario con Médicos sin Fronteras, pues para mí era más gratificante poder ayudar a aquellos que no tenían acceso a la sanidad, pública o privada.

Allí conocí el caso de Darío, un pequeño niño de cinco años que sufría de una enfermedad autoinmune muy rara, y de la que apenas había una docena de casos en todo el mundo. Darío pasó mucho tiempo con nosotros en el hospital, casi ocho meses; y durante ese tiempo estuvo al borde de la muerte varias veces. Puesto que su enfermedad era tan extraña, no había casos de estudios, y  los médicos no sabíamos qué hacer para que el niño mejorara. Sucedió que con el tiempo, su cuerpo desarrollo los anticuerpos necesarios para combatir la enfermedad, y Darío se recuperó. Pronto se fue a casa a disfrutar de la compañía de sus padres, del colegio, y en fin, de los juguetes, los parques, y las cosas de las que disfrutan los niños de cinco años.

Darío tenían una hermana pequeña llamada Cristina. Ella tenía dos años, y ambos eran inseparables. Unos meses después de la recuperación de Darío, ingresaron a Cristina en el hospital, aquejada de los mismo síntomas y dolores que tuvo su hermano unos meses atrás. Después de realizar las pruebas pertinentes, descubrimos que ella sufría de la misma enfermada que tuvo Darío, pues al parecer, los dos habían heredado la misma mutación en sus genes.

El caso de Cristina pintaba mucho peor que el de su hermano, al ser ella más pequeña y tener un cuerpecito más débil. Temíamos que no sobreviviera al tratamiento.

Era conmovedor ver como Darío no la dejaba sola ni un instante. Siempre estaba con ella, dándole de comer, leyéndole cuentos, dándole ánimos.

Después de varias conferencias con los jefes de departamento, así como con expertos médicos de todo el mundo, tomamos la decisión de hacerle una transfusión de sangre a la niña. Darío había desarrollado los anticuerpos de la enfermedad, y podíamos vaciar la mitad de su sangre, filtrarla y mezclarla con la de su hermano para así poder combatir la enfermedad. No estábamos seguros de que aquel plan iba a funcionar, pero en aquel entonces, era lo único que podíamos hacer.

Puesto que yo era el médico adjunto en prácticas, me tocó a mí hablar con el pequeño Darío y explicarle la situación de su hermana. Lo senté en una silla, y pasé casi una hora con él, tratando de explicarle el procedimiento y cómo funcionaban las transfusiones de sangre. Desde luego no fue una tarea fácil, pero es que operar, dar medicamentos o mantener las constantes vitales de un paciente, son las labores más fáciles de un doctor. El aspecto humano, dar malas noticias a la familia, explicarle casos difíciles a un niño de cinco años… ésos son los aspectos más complicados de nuestra profesión.

Cuando acabé de describirle el proceso a Darío, éste se quedó muy quieto y pensativo durante unos instantes. Finalmente, levantó la cabeza y me dijo:

-Está bien. Lo haré.

A la mañana siguiente, comenzamos el proceso. Ambos niños estaban en ayunas, y en la misma habitación, cama con cama, los conectamos a las maquinas que se encargarían de filtrar la sangre de Cristina, a la vez que le inyectaba la de su hermano. Podía ver que Darío estaba nervioso, pero sonreía, tratando de dar ánimos a su hermana. Él palidecía poco a poco, pues debíamos sacar más de un litro de su sangre. El color iba retornando poco a poco a las mejillas de Cristina. Los padres sonreían, y me congratularon por aquella idea que iba a salvar la vida a su pequeña.

Al cabo de un tiempo, Darío me miró triste y me preguntó:

-¿Cuándo empezaré a morirme?

Rápidamente di a la familia un pretexto absurdo y salí de la habitación. Tenía los ojos llenos de lágrimas y no quería que ni los pacientes ni los familiares me vieran así. Y es que Darío no me había entendido del todo cuando le expliqué cómo funcionaban las transfusiones. Él creyó que le estaba dando toda su sangre a su hermana para que ella viviera, y creía que él moriría… y aun así, había aceptado.

Fecha de publicación: 2015

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales, puedes encontrarla aquí:



Categories: Historias Cortas, Personal Section, Short Stories

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1 reply

  1. Hermosa historia, el amor puro de un hermano a su hermanita se puede decir que es una verdadera leccion de amor.

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