Vivir aprendiendo

“Durante el primer año de mi vida, aprendí que los mejores juguetes eran los que podía oler y saborear.

Cuando tenía dos años, aprendí que caerse duele, pero todo el dolor podía curarse con un beso de mamá.

A los tres años, aprendí que duele más una palabra mal dicha que una caída del tobogán.

A los cuatro años aprendí lo interesante que puede ser un rompecabezas.

Cuando tenía cinco años, aprendí que, aunque huelan mal, bañar a las  tortugas con agua caliente podía matarlas.

A los siete años, aprendí que no todo en la vida puede solucionarse con una rabieta.

Cuando tenía nueve años, aprendí que mi maestra solo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.

A los diez años, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo.

A los doce años aprendí que, si tenía problemas en el colegio, los tenía aún mayores en casa.

Cuando tenía trece años, aprendí que cuando mi habitación estaba como a mí me gustaba, mi madre me mandaba a ordenarla.

Con quince años, aprendí a no descargar mis frustraciones con mi hermano pequeño; porque mi padre tenía mayores frustraciones… y la mano más pesada.

A los diecisiete años aprendí que emborracharse no soluciona ningún problema.

Cuando tenía dieciocho años, aprendí que no valía la pena seguir discutiendo con mi madre.

A los diecinueve años, aprendí cuanto duele dejar a la persona a la que amas.

Cuando tenía veinte años, aprendí que los mayores problemas siempre empiezan siendo pequeños.

A los veintidós años aprendí lo que significa extrañar a alguien, y lo grato que es volverlo a encontrar.

Cuando tenía veintitrés años, aprendí que aunque me quería comer el mundo, aun me faltaba mucho por aprender.

A los veinticinco años aprendí que no importa lo lejos que viajes cuando quieres huir de algo. Los problemas te acompañarán siempre a largo de toda la travesía.

A los veintiséis años, aprendí al acabar la carrera que el título obtenido no era la meta que yo deseaba.

Cuando tenía veintiocho años, aprendí que con el tiempo, las cosas se ven muy diferentes.

A los treinta años aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que va a hacer que te duela la cabeza durante toda la vida entera.

Cuando tenía treinta y un años, aprendí que se necesita mucha inteligencia, amor y paciencia para convivir con otra persona.

A los treinta y dos años, aprendí a ser padre y me di cuenta de lo que eso significaba.

Cuando tenía treinta y tres años, me di cuenta de cuánto tiempo me faltó hablar con mis padres, y cuanto me faltó aprender de ellos.

A los treinta y cinco años, aprendí que a los hombres también les gusta recibir flores.

Cuando tenía treinta y seis años, aprendí que mi pareja me amaba, cuando quedaban dos trozos de carne en la nevera, y ella me daba siempre el más grande.

A los cuarenta años aprendí que si estás llevando una vida sin fracasos, no estas corriendo los suficientes riesgos.

Cuando tenía cuarenta y dos años aprendí que solo llego tarde al trabajo cuando mi jefe llega temprano.

A los cuarenta y cinco años, aprendí que niños y abuelos son aliados naturales.

Cuando tenía cincuenta años, aprendí que es absolutamente imposible irse de vacaciones sin engordar cinco kilos.

A los cincuenta y dos años, aprendí que si cuidas bien de tus empleados, ellos cuidarán bien de tus clientes.

Cuando tenía cincuenta y cinco años aprendí que es razonable disfrutar del éxito, pero que no se debe confiar demasiado en él.

A los sesenta años aprendí que no puedo cambiar el pasado, pero si puedo dejarlo atrás.

Cuando tenía sesenta y cinco años, aprendí que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, entonces, esperaste demasiado tiempo.

A los setenta años aprendí que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea.

Cuando tenía setenta y dos años, aprendí que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.

A los ochenta y un años, aprendí que envejecer es importante.

Cuando tenía ochenta y cinco años, y tú te fuiste para siempre, aprendí que te amé menos de lo que debiera.

Hoy, a mis noventa y dos años, aprendí que todavía me queda mucho por aprender. Y que no importa la edad que tengas, siempre estás a tiempo de cambiar tu actitud y ser feliz.”

 

Fecha de publicación: 2015

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales,puedes encontrarla aquí:

Cuentos cortos para tardes de lluvia Vol 2 Elemi Fuentes C. Uribe Alfonso Sales



Categories: Historias Cortas, Personal Section, Short Stories

Tags: , , , ,

1 reply

  1. Bonita historia y reflexion de la vida! es un cuento de como la vida de una persona nunca es suficiente y siempre queremos seguir viviendo! y nunca debemos dejar de aprender! hasta el ultimo de nuestros dias

    Like

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: