El guardia de seguridad

Antonio trabajaba en una planta distribuidora de carne. Todos los días, a escasos minutos de terminar su jornada laboral, se acercaba a inspeccionar las cámaras frigoríficas para asegurarse de que todo funcionaba de forma correcta y que no habrían desperfectos durante la noche que pudieran hacer que la carne se echara a perder. Una tarde, terminado ya su horario de trabajo, Antonio so acercó, como todas los días, a inspeccionar los refrigeradores. La mala suerte que tuvo que en ese instante se cerró la puerta detrás de él; y desde el otro lado se bajó el pestillo de seguridad haciendo que él quedara atrapado dentro.

Antonio gritó y gritó. Y durante horas golpeó la puerta fuertemente. Pero nadie podía escucharle porque el resto de trabajadores ya habían terminado sus jornadas laborales y se habían marchado a sus casas. La puerta de la cámara estaba cerraba herméticamente y desde fuera era imposible escuchar lo que ocurría dentro.

Pasaron más de seis horas, y Antonio estaba congelado y casi al borde de la muerte. Ya se había resignado a cerrar los ojos y dejar que el sueño de la hipotermia le abrazara dulcemente y le llevara consigo. En ese momento, alguien abrió a la puerta. Antonio creía estar soñando.

Ramón, el guardia de seguridad, entró y lo rescató. Rápidamente le puso una manta de calor y llamó a una ambulancia para que se lo llevara al hospital.

Unos días después Antonio estaba totalmente recuperado y de nuevo volvió a su puesto de trabajo. Antonio, agradecido, se acercó a Ramón y le preguntó cómo se le ocurrió abrir la cámara frigorífica, puesto que aquello no era parte de su rutina de trabajo. Ramón le explicó:

“Llevo veinte años trabajando en esta empresa. Cientos de trabajadores entran y salen de la planta todos los días. Pero tú eres el único que me da los buenos días cada mañana y se despide de mí cada tarde. El resto de empleados me tratan como si fuera invisible. Cuando llegaste en la mañana, me saludaste como siempre. Pero a la tarde no te vi salir. Al principio pensé que te habías quedado terminando tareas atrasadas, pero con el paso de las horas tuve la certeza de que te había sucedido algo. Así que te busqué… ¡Y te encontré!”

 

Fecha de publicación: 2015

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales,puedes encontrarla aquí:

Cuentos cortos para tardes de lluvia cover Elemi Fuentes C. Uribe



Categories: Historias Cortas, Personal Section, Short Stories

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