El muñeco de nieve

Era un día gris. El invierno había llegado vaciando sus sacos de nieve sobre las copas de los árboles que se habían quedado sin hojas. También nevó sobre los ríos, y sobre los lagos que se congelaron; y sobre las madrigueras de los animales que apenas osaban sacar el hocico al exterior.

La casa donde vivían Lucía y Carlos había quedado aislada por la enorme cantidad de nieve que había caído. Los dos hermanos estaban muy aburridos y no podían ir a ninguna parte. Carlos tuvo una idea.

-¿Por qué no hacemos un muñeco de nieve?

Dicho y hecho. Se pusieron manos a la obra y en pocas horas habían hecho un muñeco de nieve muy grande junto a la cerca que rodeaba la vivienda. Le pusieron dos botones azules que le servían de ojos, una zanahoria como nariz, un sombrero viejo, y una bufanda de color rojo.

Cuando el muñeco de nieve estuvo acabado, le pusieron Hércules de nombre y jugaron mucho con él. Era su nuevo amigo y le querían mucho. Cada mañana al levantarse corrían a darle los buenos días. Y si el sol de invierno había salido y calentaba un poco, los hermanos lo cubrían con un paraguas y lo protegían para que no se fundiera.

Pasó el tiempo y llegaron los días en que apenas hacía frío y el sol calentaba cada vez más. Poco a poco Hércules se iba derritiendo sin que Lucía y Carlos pudieran hacer nada para evitarlo. Poco a poco su amigo desapareció. Los hermanos estaban muy tristes.

-¿Qué os pasa? – les preguntó la madre.

-Hércules ya no está con nosotros – dijo Carlos.

-Nuestro muñeco de nieve se ha marchado –añadió Lucia muy apenada.

-No. Eso no es cierto – les explicó la madre -. Los amigos nunca nos abandonan. Sencillamente, se ha transformado. Como los gusanos de seda que salen de su crisálida y se convierten en bellas mariposas. Del mismo modo –continuó-,  Hércules se ha convertido en agua y ahora tenéis que buscarlo en otros lugares.

Los niños se alegraron mucho al oír esto. Y se fueron corriendo a buscar a su amigo en el chorro de agua de la fuente, en el río que corría veloz bajando la montaña, en la pequeña cascada junto al lago. Y cuando llegó el verano, lo buscaron en el mar azul. Lo reconocieron enseguida. Era él. De esa forma mágica que sólo entienden los niños, reconocieron en el agua la voz de su amigo Hércules, quien les dijo que el próximo invierno volvería a estar con ellos.

Los hermanos guardaron para el invierno los botones azules, el sombrero, y la bufanda roja. A la espera de que llegase de nuevo el invierno y pudieran volver a ver a su amigo.

 

Fecha de publicación: 2015

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales,puedes encontrarla aquí:

Cuentos cortos para tardes de lluvia cover Elemi Fuentes C. Uribe



Categories: Historias Cortas, Personal Section, Short Stories

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