Monedas de oro

Esta historia sucedió hace ya muchos siglos, en un recóndito lugar del imperio chino. Pero ha querido la suerte que haya llegado hasta nosotros gracias a la tradición oral de estos buenos campesinos, que son muy trabajadores y muy dados a conservar sus costumbres.

Corría el año mil tres cientos de nuestra era, y en China reinaba el emperador Xiao Xin. Se decía de él que era un hombre de mano dura, y sus súbditos le temían más de lo que le veneraban. Al parecer, el emperador tenía un sentido del humor muy particular, y le gustaba burlarse de los más desfavorecidos, y de aquellos que por fortuna de la vida tenían menos que él, tanto en cuestiones de riqueza, como en cuestiones de capacidad mental. Un día, al emperador se le ocurrió una nueva chanza. Así que mandó llamar a uno de los monjes del monasterio para poder ponerla en práctica.

-Sé que tú eres un hombre piadoso, de gran bondad e iluminado – le dijo el emperador al monje. Pero como yo soy el gobernador de este país, estoy por encima de tus meditaciones y tus rezos, y tus creencias. Así que te diré lo que debes hacer y tú tendrás que obedecerme. En esta bolsa – prosiguió Xiao Xin- hay cincuenta monedas de oro. Quiero que recorras todo el imperio, de una aldea a otra, hasta que encuentres a la persona más tonta de todo China. Cuando la encuentres, deberás entregarle estas monedas.

-Señor – le contestó el monje -, no reconozco a otro rey, emperador o gobernante que a mi propio yo interior. Sin embargo, haré lo que me pide por complacerle, y mañana, con la primera luz del alba me pondré en camino.

El monje cogió las monedas, y tal y como prometió, emprendió a la mañana siguiente su largo viaje. Recorrió muchos lugares, y su pies caminaron por todos los caminos del imperio, y recorrieron todas las aldeas. El monje conoció a muchas personas, y conversó con todas ellas, pero no halló a ninguna que considerase lo suficientemente tonta como para entregarle las monedas.

Pasaron varios años. Fue una noche de lluvia, refugiándose el monje en una posada en el camino, cuando tuvo noticias de que el emperador había enfermado gravemente. El monje concluyó su viaje y se dirigió rápidamente al palacio del emperador. Al llegar, los médicos le explicaron al que Xiao Xin estaba, como se decía en aquella época, en la antesala de la muerte, y se esperaban que cruzara el pasillo hacia la habitación del mas allá en cuestión de días, quizás menos. Se acercó el monje hasta el emperador y le puso una mano en la frente, mientras le preguntaba cómo se encontraba.

-¡Ay, ay, ay! – se lamentaba el emperador. ¡Qué desafortunado soy! He pasado toda mi vida acumulando riquezas, y ahora, ¿Qué hare para llevarlas conmigo? ¡No quiero dejarlas, no quiero dejarlas!

El monje sonrió levemente. Sacó la bolsa de monedas de oro, y la colocó en la almohada del emperador. Había encontrado al hombre más tonto de todo el imperio.

 

Fecha de publicación: 2015

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales,puedes encontrarla aquí:

Cuentos cortos para tardes de lluvia vol. 3 C. Uribe



Categories: Historias Cortas, Personal Section, Short Stories

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1 reply

  1. Una historia que me recuerda al “Rey está desnudo” que anecdotico que en la actualiadad, después de milenios, aún los líderes políticos se rebajan a este tipo de comportamientos avariciosos, avalados por la sociedad de turno…

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