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La Historia de Sammy Meyers 4/6

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El Reencuentro

Como te decía, princesa, estaba muy apesadumbrado por tu ausencia. ¿Pero sabes qué? Un día me levanté y el cielo tenía otro color. Escuché el trinar de los pájaros en la ventana y el calor de la mañana me trajo de nuevo la alegría que tanto tiempo me había faltado. Como siempre, tú fuiste mi primer pensamiento mañanero y cómo no, el último antes de cerrar los ojos cada noche. Y aquel día no solo fuiste un pensamiento, sino que tu recuerdo trajo un fulgor de esperanza. ¿Por qué, te estarás preguntando? Porque al fin entendí por qué te habías portado así conmigo. Entendí que en el fondo tú me amabas y nunca habías dejado de hacerlo. Lo único que sucedió era que te habían lavado el cerebro. Tu madre, tus familiares y amigos; todos ellos culpables de que tú y yo no estuviéramos juntos, felices el uno con el otro tal y como nos merecíamos.

 Cogí el teléfono y marqué tu número. ¿Lo recuerdas, Sammy? Mi corazón latía enloquecido y arrítmico y casi no podía contener la euforia cuando escuché tu voz dulce y suave al otro lado de la línea. ¿Te acuerdas, Sammy? ¡Qué alegría, que júbilo! Que regocijo sentí al escucharte de nuevo.

 ¿Recuerdas que hablamos durante horas? Tú me pedías disculpas por haberte portado como una niñata embustera, y yo te consolaba diciendo que no tenías nada de qué preocuparte, que pronto estaríamos juntos, que siempre te perdonaría, Sammy, porque no importaba qué pasase entre nosotros, tú y yo siempre estuvimos destinados a andar por el mismo sendero de la vida; mano a mano, alma con alma. ¡Oh, Sammy! Aquel día fui de nuevo el hombre más feliz del mundo, del universo entero. ¿Recuerdas, Sammy? Charlamos durante horas, y reíamos tú y yo, como si el tiempo se hubiese detenido años atrás, cuando tú estabas a mi lado. Tú me dijiste que querías ser mía, entregarte a mí; y yo te decía que tú y yo ya estábamos casados. Solo teníamos que vivir juntos, en matrimonio, como marido y mujer. Entonces tú me dijiste que querías que nuestra relación fuese más profunda y querías ofrecerte a mí de forma especial y diferente. ¡Querías darme tu alma, tu mirada! ¡Oh, Sammy! ¡Cuán feliz me hacías!

  Los minutos volaban en las manecillas del reloj. Tu risa despreocupada y juguetona en mi oído despertaba deseos e instintos carnales propios de una bestia en celo. Quería tenerte de nuevo en mis brazos. Hacerte mía una vez más. Una y otra vez hasta el final de nuestros días. Y sí, Sammy, sí, al igual que tú, quería que nuestra relación diese un paso más allá, llevarla al siguiente nivel, y también quise que te ofrecieras a mí no solo en cuerpo, sino tan bien en alma. Una y otra vez recordamos los momentos que pasamos juntos, el pañuelo verde, nuestra noche de bodas. Y hablamos sin cesar de cómo ibas a entregarme tu alma, y cómo la guardaría celosamente en mi cajita de plata, forrada de terciopelo púrpura. Y así la llevaría siempre conmigo, junto al pecho, para que nunca más estuviéramos separados.

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 Después de varias horas que parecieron tan solo pocos minutos, acordamos que necesitaría tres días para poner mis asuntos al día y dejar el apartamento donde me alojaba. Pasado ese tiempo, tú me esperarías en tu piso, lista y con las maletas hechas; y los dos volveríamos tranquilamente conduciendo de nuevo al pueblo, a empezar, o continuar, una vida juntos y felices como marido y mujer…

El lapso de los tres días se me hacía eterno. Mientras actualizaba mis asuntos y papeles y arreglaba los preparativos para llevar a cabo nuestro pacto en el cual me quedaría con tu alma; ojeaba las manecillas del reloj, que parecían jactarse de mi impaciencia y ansias de poseerte. Las agujas se movían con tal calma y sosiego, que más de una vez me acerqué al reloj de la pared a comprobar que las baterías seguían funcionando.

 Finalmente pasaron los tres días y la tortuosa espera dio a su fin. En cuanto despuntó el alba conduje velozmente hasta tu casa para verte amanecer, tomar café a tu lado, y despedirnos de esta fría y solitaria ciudad en la que nos encontrábamos camino hacia nuestro destino. Hacia nuestro futuro. 

 Llegué a la casa donde te alojabas con tu madre, pero de nuevo, ya no estabais allí y el piso estaba vacío. ¡Déjà -vu! ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Qué me estabas haciendo, Sammy? ¿Acaso estabas jugando conmigo? ¿Estaba soñando o estaba atrapado en una pesadilla? Me sentía furioso y desorientado, tanto que por un momento casi perdí toda la ilusión de seguir con vida en este mundo tan cruel…Pero luego pensé, Sammy, que tal vez me estabas poniendo a prueba. Por supuesto que eras mía y te entregabas a mí en cuerpo y alma, pero deseabas un último sacrificio para comprobar que de verdad te amaba y te merecía. ¡Oh, mi pequeña, ahora lo entiendo todo! Me estabas poniendo a prueba, mi dulce niña juguetona.

 Así que reaccioné deprisa y me fui a todo gas al aeropuerto. Sabía que te encontraría allí; es más, tenía la corazonada de que habrías comprado billetes con destino a Toronto. ¡Ah, pequeñuela, cómo te diviertes conmigo!

 Llegué al aeropuerto y te busqué por las terminales. Tal y como presupuse, estarías esperando el vuelo a Canadá. Así que encontrarte no fue demasiado difícil. Esta vez viajabas sola, no había rastro de tu madre. Entonces entendí que aquello era toda una estratagema para que fuera a buscarte, para mostrarte que realmente te deseaba y que te amaba y que te necesitaba y que nunca te iba a dejar escaparte de mi vida. ¡Me alegré tanto al verte, mi niña!

Si quieres escucharla en audio narrada por Alfonso Sales, puedes encontrarla aquí:

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2 thoughts on “La Historia de Sammy Meyers 4/6

  1. Interesante porción de esta historia tan apasionada. No tiene Usted una idea de cuan familiar me resulta, es todo como un sueño que raya con la realidad. Cuan peculair se nos presenta la vida. Aún un alma aguarda por lo que será.

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    1. Muchas gracias. Ha leido las partes anteriores? Espero que tambien le gusten. En la seccion de Español tengo varias historias, algunas mas cortas, otras no. De viaje, gore, con moraleja…
      (Por cierto, tengo teclado Ingles configurado en Checo y en Ingles, no es que me coma las tildes. 😀 )

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