Alfonso Sales

La historia de Sammy Meyers 6/6

Me desperté y Sammy seguía a mi lado. Muy quieta. Mi ángel dormía. Acaricié suavemente su nívea piel, mientras iba dibujando poco a poco con mis dedos el contorno de su figura.

La Historia de Sammy Meyers 5/6

Te recogí en el aeropuerto y te traje aquí al hospital abandonado. Pero bueno Sammy, en esta historia nuestra, esa parte ya te la sabes.

 Aquí estamos de nuevo, Sammy. Samantha, tal vez, ahora que ya eres una mujer. Al fin juntos. Estás tan hermosa como siempre, quizás más. No tiembles, Sammy. Sabes que a mi lado nunca tendrás nada de qué preocuparte. Entiendo que te marcharas, pequeñuela. Aunque eres mi esposa, ningún matrimonio está exento de dificultades y contratiempos y juegos. Y tú jugabas a desaparecer, y yo jugaba a encontrarte. Han sido muchos los años, o al menos a mí me lo parecieron. Muchos los sacrificios. Pero te perdono, princesa; porque al fin y al cabo todos los sacrificios han merecido la pena. Estar contigo de nuevo, a tu lado, poder suspirar en tu oído y oler tu perfume. Y perderme en el hechizo de tus ojos verdes…No hay sacrificio en exceso si la recompensa es estar a tu lado.

La Historia de Sammy Meyers 4/6

Como te decía, princesa, estaba muy apesadumbrado por tu ausencia. ¿Pero sabes qué? Un día me levanté y el cielo tenía otro color. Escuché el trinar de los pájaros en la ventana y el calor de la mañana me trajo de nuevo la alegría que tanto tiempo me había faltado. Como siempre, tú fuiste mi primer pensamiento mañanero y cómo no, el último antes de cerrar los ojos cada noche. Y aquel día no solo fuiste un pensamiento, sino que tu recuerdo trajo un fulgor de esperanza. ¿Por qué, te estarás preguntando? Porque al fin entendí por qué te habías portado así conmigo. Entendí que en el fondo tú me amabas y nunca habías dejado de hacerlo. Lo único que sucedió era que te habían lavado el cerebro. Tu madre, tus familiares y amigos; todos ellos culpables de que tú y yo no estuviéramos juntos, felices el uno con el otro tal y como nos merecíamos.

La historia de Sammy Meyers – Parte 3/6

Como ya te dije, pequeña, cuando me desperté tú no estabas a mi lado. Solo quedaba la esencia de tu perfume, un par de cabellos rubios en la almohada, y una mancha granate confundida con lo que quedaba de los pétalos de rosas. ¡Me sentí tan desdichado, y triste y sombrío! ¡No sabía que hacer sin tu presencia, qué pensar! ¡Mi mujer me había abandonado a tan solo unas horas de consumar nuestras nupcias! ¿Sammy, por qué te fuiste?

La historia de Sammy Meyers – Parte 1/6

¡…oh, querida Sammy! Veo que ya te despiertas. Tranquila, no te asustes. No pasa nada. Estamos en el sótano del antiguo hospital, el que está abandonado en la carretera treinta y dos. Estas a salvo. Aquí nadie podrá encontrarnos. Veo el pánico en tus ojos, nena, y me encanta. Pero sé también que no puedes gritar con esa mordaza. ¿Sabes qué es? ¿No lo recuerdas? Ese pañuelo que llevas amordazándote fuertemente la boca es el mismo que te regalé en nuestro primer encuentro.

Cuestión de apariencias

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La mancha de tinta

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Monedas de oro

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Una ocasión especial

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El muñeco de nieve

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Manzanas

Patricia era una niñita de siete años, con gafas, y trenzas. Tenía pocos amigos en el colegio, puesto que todos sus compañeros pensaban que ella era tacaña, avariciosa, y poco dada a prestar sus juguetes o sus colores cuando alguien… Read More ›

El Examen

Era Mayo, y el calor en la capital de Murcia derretía los neumáticos de las ruedas de los coches sobre el asfalto. Por aquel entonces, yo estudia biología marina en la universidad, y aquel día teníamos el examen final. Al igual que mis compañeros, había estudiado mucho y pasado cientos horas en la biblioteca municipal; y sobre todo noches sin dormir a base de cafeína y Red Bull.

El coche y la silla

A Ramón le gustaba mucho el dinero y estar a la moda. Tenía todos los modelos de iPhone, así como tabletas electrónicas, relojes digitales, ropas de marca, y en fin, todo lo que se le antojara. Tan solo tenía que ir a la tienda, elegir algo, y pasar por la ranura la tarjeta de crédito que le había dado su padre. Como era de esperar, Ramón provenía de una familia adinerada en la que nunca tuvieron problema para satisfacer todos sus caprichos. A los dieciocho años, sus padres lo mandaron a estudiar economía y finanzas a una prestigiosa universidad de Nueva York. A los treinta, Ramón era un exitoso corredor de bolsa.

Cuestión de sangre

Muchos años atrás, yo trabajaba en el hospital de la Fe de Valencia como doctor adjunto, terminando mi tesis y mis dos último años de prácticas. Después, sería un doctor licenciado y podría trabajar en cualquier lugar del mundo. Aunque la verdad, lo que yo quería era irme de voluntario con Médicos sin Fronteras, pues para mí era más gratificante poder ayudar a aquellos que no tenían acceso a la sanidad, pública o privada.