cuentos cortos

Arreglando el mundo

Había una vez un ingeniero químico que estaba trabajando en el laboratorio que tenía instalado en su casa; cuando de pronto, entró su hijo pequeño de cinco años dispuesto a ayudarle o a jugar con él. El químico, que en aquel entonces estaba muy ocupado y no quería ser interrumpido, pensó en darle un entretenimiento al niño para que no le molestase. Observando a su alrededor, vio un montón de revistas de investigación sobre la mesa, y mirando dentro de éstas, encontró un mapa del mundo. Sacó de la revista el mapa del mundo y lo cortó con unas tijeras en muchos pedacitos pequeños; y después, se lo dio a su hijo junto con cinta adhesiva para que lo recompusiera.

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Globos de colores

Un niño negro contemplaba extasiado a un vendedor de globos en la feria del pueblo. Era un pueblo pequeñito, y el vendedor había llegado tan solo unos días atrás, por lo que no era una persona conocida. Sin embargo, en pocos días, la gente se dio cuenta de que era un vendedor excelente, pues usaba una técnica especial que lograba captar la atención de niños y adultos.

El pescador y el economista

Un economista inglés estaba una tarde paseando por el embarcadero de un pequeño pueblo costero de España. Vio un diminuto bote con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes de gran tamaño, y otros muchos peces más pequeños que el economista no supo cómo se llamaban. El economista elogió al pescador, y le preguntó cuánto tiempo le había llevado pescarlos. El pescador le dijo que no demasiado; tres o cuatro horas tal vez.

El tonto del pueblo

En Vera, un pueblecito del sur situado en la provincia de Almería, vivía un hombre de mediana edad, con poco seso, pero cariñoso y de buen corazón. Su nombre era Jaime, pero todos cariñosamente lo llamaban ‘el tío Jaime’ puesto que por las tardes se lo veía jugar al fútbol en el parque o en la plaza con los niños del pueblo. Se ganaba la vida haciendo recados y ayudando a las señoras a cargar con las compras del supermercado.

El leñador

Joshua era un trotamundos de la vida y le gustaba ir de un lugar a otro, pasando periodos de tiempo en cada lugar que visitaba, para así aprender las costumbres y tradiciones de cada pueblo. Llegó un día Joshua a un pueblo recóndito de montaña en Canadá. Allí encontró a un campo de leñadores, y se acercó a ellos con el propósito de obtener un trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y fortaleza de Joshua, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al día siguiente.

Persiguiendo conejos

Tetsuya era un joven japonés estudiante de artes marciales. Era aplicado,  siempre dispuesto a aprender. Un día, después de muchas cavilaciones, el estudiante se acercó a su maestro y le dijo: