Hischam

Marruecos: un viaje a las profundidades del alma (14/14)

Hischam y yo mantuvimos correspondencia durante unos meses. Era complicado puesto que él apenas sabía escribir, y mi francés escrito estaba bastante distorsionado por lo que sabía de inglés. Yo le escribía en una mezcla de tres idiomas, y apenas su compañero le traducía como podía. Entonces entre ambos me respondían, siempre diciéndome que me echaba de menos, tanto o más de lo que yo le necesitaba en mi vida.

Advertisements

Marruecos: un viaje a las profundidades del alma (8/14)

Hischam era un chico guapo y simpático, llevaba un shash blanco en la cabeza al más puro estilo bereber; y aunque acostumbrado a las noches del desierto, su vida ya no era tan nómada como otros de sus coetáneos. Sus inmensos ojos azabaches eran capaces de cautivar el alma de cualquier demonio y mostrar la luz que de ella se desprendía. Por supuesto que nos invitó a té, y entre charlas y risas, condones, medicamentos y dírhams, salimos de la tienda no sólo con abalorios de plata sino con el que sería nuestro amigo y guía durante el resto de nuestra aventura.